Necrocard

Stewart Home


Sección Contraculturas

SOBRE LA NECROCARD:
¿UN POCO DE SEXO TRAS LA MUERTE?

Stewart Home 1999 (Publicado por primera vez en la revista PURE).

Con el paso de los años y el proceso de ir envejeciendo, he encontrado que mis ideas fijas volvían a ser siempre las mismas, seguramente son las mismas que tiene cualquier persona con una inclinación filosófica: el sexo y la muerte. Dado que deseaba abordar la relación entre estas dos cuestiones, me decidí a emitir tarjetas de donantes que permitan a quienes las llevan declararse como donantes de su cuerpo para la experimentación sexual tras su muerte. La creación y/o diseño de las tarjetas fue bastante sencilla, simplemente copié unas tarjetas oficiales de donación de órganos, pero cambién el texto. Mis Necrocards llevaban la leyenda: “Estoy a favor de la liberación sexual" y "Quiero ayudar a que otros experimentar sexualmente después de mi muerte". Las dos primeras imprentas donde encargué que impriman varias de éstas se negaron a hacer el trabajo. El dueño de una de ellas me dijo luego que si se hubiera dado cuenta que era apenas una broma, las hubiera impreso sin problema.

Aunque no fue demasiado sencillo, finalmente encontré una imprenta donde aceptaron tomar mi dinero. El siguiente problema era la distribución, aunque la realidad es que terminó siendo más sencilla de lo que yo imaginaba. Cada vez que le ofrecía a alguien una Necrocard, me terminaban pidiendo una docena más para darrselas también a sus amigos. La respuesta a las Necrocards parecía ser bastante entusiasta. El escritor y músico Bill Drummond (The K.L.F / K Foundation) me dijo que iba a llevar siempre en su billetera mi Necrocard junto a su tarjeta de donante de órganos, acotando “me entusiasma la idea de que me sacudan un poco mientras me sacan los riñones” Unos días después de que tuve las tarjetas impresas, recibí un llamado urgente: uno de los trabajadores de la imprenta había dado la tarjeta a el guardia de seguridad de una institución dedicada al tratamiento del HIV y todos los demás guardias de seguridad, asi como los demás trabajadores de la institución estaban muy entusiasmados con las tarjetas y todos querían tener una.

Sin embargo, no todas las respuestas fueron así de positivas. Cierta vez caminaba por Charing Cross y una chica me dió un panfleto de un bar donde había un recital. Le dije que aceptaba que ella me diera el panfleto si yo podía darle una Necrocard. Una vez que intercambiamos el panfleto por la Necrocard, ella leyó de que se trataba y comenzó a gritarme. Finalmente vino un hombre que trabajaba con ella repartiendo los mismos panfletos para solucionar el asunto y cuando vió la Necrocard se mostró tan sorprendido como yo por la reacción histérica. Igualmente me retiré y permití que el calmase a su compañera.

También me sucedió que en una inauguración de una muestra de arte le di a una chica una de las tarjetas y ella me dijo que yo era un enfermo y que no debía hacer bromas sobre la necrofilia. Desde ya, las tarjetas son bastante chistosas y carecen de cualquier tipo de legitimidad legal; aún así, traen a la superficie temas que también pueden ser tomados con seriedad. Desde mi punto de vista, si el sexo es entre dos adultos que consienten en tener relaciones de determinada manera, no debiera haber una ley que prohiba que esto pueda realizarse.

Si soy honesto, si alguien me ofreciera una oportunidad de tener sexo con un muerto, seguramente yo me negaría. Aún así, si alguien da en vida su consentimiento para que otra perrsona tenga sexo con su cadáver al morir, entonces no entiendo que tipo de objeción moral puede haber frente a ello. Al fin y al cabo, una de las cosas que hacen que el mundo sea interesante es la diversidad de gustos e intereses sexuales. La gente debiera ser libre de tener sexo y experimentar como se les ocurra, siempre y cuando todos los involucrados consientan en todas las acciones que se llevan a cabo. No aceptar este principio tan básico tiene serias implicaciones para aquellos que, por ejemplo, son practicantes del sado-masoquismo. Muchas formas de discriminación sexual aún hoy en día son avaladas por la ley. Creo que ni hace falta aclarar que el consentimiento es sólo posible entre dos personas que son socialmente semejantes; dadas las diferencias de poder que siempre han existido entre niños y adultos, la pedofília jamás es consensual y bajo cualquier circunstancia resulta repudiable e inaceptable.

Algo que me llamó la atención es que a muchos individuos les resultó alarmante que mis Necrocards utilizaran el humor para referirse a un asunto serio. Muchos sintieron que las tarjetas debían ser completamente un chiste o completamente serias, pero que no podían ser ambas cosas a la vez. En particular vi que muchas personas involucradas fuertemente en la escena fetichista se mostraron muy ofendidas porque mis tarjetas estaban tratando no demostraban la suficiente reverencia y pomposidad que las desviaciones sexuales ameritaban. Una chica de las que gusta disfrazarse de gótica y utilizar un exceso de maquillaje que de alguna manera busca volver glamorosa a la muerte me dijo que quería saber que había por detrás de las Necrocards. No me creyó que simplemente hice las tarjetas y las imprimí porque quería hacerlo. Esta chica que era un collage de sado-masoquismo y maquillaje gótico estaba convencida de que yo estaba planeando una operación encubierta siniestra que la involucraba directamente a ella y que le estaba tendiendo una trampa.

Si no fuera porque la imprenta me había tenido que hacer miles de tarjetas más de las que yo realmente tenía en mente, muy fácilmente me hubiera sacado a todas ellas de encima muy rápido sin encontrar a nadie que las hubiera objetado. Aún así, con el comienzo de varias acciones policiales de caracter represivo, particularmente la operación Spanner*, puedo entender por que ninguno de los sex shop donde intenté dejar las tarjetas aceptó que lo hiciera. E, igualmente, quisiera que quienes tienen tiendas dedicadas a proveer productos sexuales no tuvieran que sentirse tan inhibidos de poder ofrecer algo que se aleja de un catalogo de polimorfo de prácticas que aparentemente deben permanecer demarcadas y restringidas. También fue sorprendente que varios de las librerías que se dedican a vender libros radicales y revolucionarios se negaron rotundamente a aceptar las tarjetas, mientras que muchos capitalistas absolutamente ordinarios las tomaron sin el menor problema. Un hombre de negocios que encontré en el Soho me dijo si podía darle muchas porque quería darlas a los clientes de la cadena de restaurantes del que él era dueño.

De hecho, habiendo visto que no fue un gran problema repartir 50,000 Necrocards, me doy cuenta que cometí un terrible error: con un par de avisos clasificados que dijeran “sorprenda a sus amigos con la más enfermiza tarjeta de todos los tiempos” y vendiéndolas en paquetes de cinco tarjetas, podría haber hecho una fortuna. Aunque realmente no tengo ningún interés en tener sexo con un muerto, obviamente no estoy sólo en la fantasía de querer que me sacudan un poco tras mi muerte. Tarde o temprano voy a morir. Si no tenés una Necrocard, entonces tu despedida puede llegar a ser muy aburrida. El empresario que me pidió gratuitamente varios lotes de tarjetas debió haber pensado que estoy bastante loco: ¡era muy sencillo hacer una fortuna vendiendo un producto tan a la moda!

*NdT:
La “Operación Spanner” fue una operación encubierta realizada en Manchester en 1987 por la policía del Reino Unido. La operación consistió en infiltrar grupos de hombres homosexuales practicantes del sadomasoquismo y luego iniciar causas judiciales que terminaron en condenas a 10 años de prisión por “asalto resultante en daño físico”, aunque todos los involucrados declararon ante la corte que se trataban de acciones realizadas de forma consensuada.

Los casos fueron apelados en 1993 antes la Corte Suprema y la Cámara de los Lores, que se pronunció en contra de la apelación alegando: “En principio existe una diferencia entre la violencia que es incidental y la violencia que es infligida por gratificación y crueldad. La violencia del sado-masoquismo es realizada con gratificación y crueldad por sádicos que buscan la degradación de sus víctimas. Tal violencia resulta injuriosa para los participantes y es altamente peligrosa. No es posible realizar defensa alguna de un acto sado-masoquista que glorifica la crueldad. La sociedad tiene el derecho a defenderse a sí misma de esta secta de gente cruel. El placer que se deriva de causar dolor es malo en sí mismo. La crueldad no tiene lugar en la sociedad”.

Dado que la Operación spanner tuvo como blanco único a hombres homosexuales, muchos expertos legales se pronunciaron diciendo que el sado-masoquismo estaba siendo meramente usado como excusa para realizar una operación con tintes evidentemente homofóbicos y continuando una tradición de paternalismo estatal que invade las libertades individuales.

Traducción por Julián Moguillansky