La Línea: Bergson y el Arte.

Gabriel P. Naude

Henri Bergson

 Breve ensayo escrito como apertura para la Exhibición "La Línea: Pictografía del Tiempo", realizada el 7 de Agosto de 2011 por el Salón Arcano.


¿Por qué el Arte?
¿Hacia quiénes se dirige el Arte? ¿El Arte y el Artista son dos entes diferenciados, un juego más de la dialéctica existencial? ¿La Naturaleza es la artista a quienes todos quieren parecerse? ¿Qué interpretan nuestro sentidos cuando perciben las obras?

Muchos son los interrogantes acerca de cómo el Arte se ha configurado con el hombre y desde el hombre, como proceso y como fin, como principio y como respuesta a aquello que reside en lo inconsciente y que pugna por salir y expresarse.

Pero, podemos resumir todos éstos y otros interrogantes con la siguiente pregunta:

¿Cuál es el objeto - objetivo del Arte? Porque, en conclusión, el Arte es una de las tantas cosas que, en definitiva deben servir para el placer del hombre, buscando mitigar ese displacer originario que nos arrastra a retrocesos edipicos que llevan indefectiblemente a la frustración del saber y a la vanagloria de una ignorancia patológica.

Que mejor que para empezar a respondernos a esta pregunta, citar a nuestro querido Henri Bergson, persona inspiradora -entre otros- de este Salón Arcano. El nos dice:

¿Cuál es el objeto del arte? Creo que si la realidad viniese a herir directamente nuestros sentidos y nuestra conciencia, si pudiésemos entrar en comunicación inmediata con las cosas y con nosotros mismos, el arte sería nulo, o más bien todos seríamos artistas, porque nuestra alma vibraría entonces continuamente al unísono con la Naturaleza. Nuestros ojos, ayudados por la memoria, recortarían en el espacio y fijarían en el tiempo cuadros inimitables. Una mirada nuestra cogería al paso, esculpidos en el mármol viviente del cuerpo humano, fragmentos de estatua tan hermosos como los de la estatuaria antigua. Oiríamos como una música alegre unas veces y las más veces triste, pero siempre original, que cantara en el fondo de nuestra alma la melodía constante de nuestra vida interior. Todo esto se halla en torno de nosotros y en nosotros mismos, y sin embargo, nada de ello lo percibimos claramente. Entre la Naturaleza y nosotros, ¿qué digo?, entre nosotros y nuestra propia conciencia viene a interponerse un velo que es muy tupido para el común de los mortales y casi transparente para el artista y el poeta. ¿Qué hada tejió este velo? ¿Qué impulso la guió? ¿Fue la amistad o la malicia? Era necesario vivir, y la vida exige que percibamos las cosas en la relación que tienen con nuestras necesidades. Vivir es obrar. Vivir es obtener de los objetos la impresión útil, y responder a ella por medio de reacciones apropiadas. Las demás impresiones tienen que oscurecerse o llegar a nosotros de un modo confuso. Miro y creo ver, escucho y creo oír, me estudio a mí mismo y creo leer en el fondo de mi corazón. Pero cuanto veo y cuanto oigo del mundo exterior, es simplemente lo que extraen de él mis sentidos para iluminar mi conducta. Lo que conozco de mí mismo es lo que afluye a la superficie, lo que toma parte en la acción. Mis sentidos y mi conciencia me aportan solamente una simplificación práctica de la realidad”.
Creo que, Bergson nos ha llevado en un viaje de palabras e ideas que puede reflejarnos algo de ese objetivo del Arte; sin dudas nos queda a cada uno de nosotros completar las premisas que pueden haberse generado desde sus palabras.

Ahora veamos al Arte y la diversidad. Entiendo que existen tantos artes como seres vivos y productivos puedan existir; el arte es fundamentalmente histórico, se pliega y se repliega en la historicidad del hombre y su obra; no reniega de las modas o los pretextos paradigmáticos; quiero decir que el Arte se hace haciendo Arte..¿quién puede conocer otra manera?

Nuestro querido Bergson dice al respecto:

De ahí la diversidad de las artes en su origen. De ahí también la especialidad de las predisposiciones. Al uno le atraen los colores y las formas, y como ama el color por el color y la forma por la forma, al percibirlas por ellas mismas ve transparentarse la vida interior de las cosas a través de sus formas y de sus colores. Poco a poco la hará entrar en nuestra percepción, desconcertada al pronto. Por un instante al menos, nos despojará de los prejuicios de forma y de color que se interponían entre nuestra retina y la realidad. Y así realizará la suprema ambición del arte, que es la de revelarnos la Naturaleza.
No es el Arte acaso, un modo de comunicación, de comunicarse y comunicarnos; pero atención: no lo digo sólo como una comunicación intersubjetiva, sino como un estado intrasubjetivo. El Arte tiene el poder de decir aquello que, tal vez, las palabras no puedan contener, no puedan abarcar, ni siquiera puedan expresar. El Arte expresa la naturaleza real, aquello escondido, lo cubierto de velos, lo oculto....no es, ni más ni menos, un extraordinario sistema simbólico práctico y dinámico; removiendo las convenciones simbólicas, haciendo penetrar en lenguajes desconocidos, en tierras inexploradas; intentando que quien crea y quien se recrea, logren conectarse a través de ese códice planteado por la misma naturaleza creadora, llevándonos a una realidad que no difiere de la propia, pero que le adosa un sentido más vibrante, activo, sutil y productivo.

Bergson nos dice:

Así, pues, el arte, pintura, escultura, poesía o música, no tiene otra misión que apartar los símbolos corrientes, las generalidades convencionales aceptadas por la sociedad, todo, en fin, cuanto pone una máscara sobre la realidad, y después de apartada ponernos frente a la realidad misma. Una mala inteligencia sobre este punto ha dado origen a la cuestión de realismo e idealismo en el arte. El arte es una visión más directa de la realidad. Pero esta pureza de percepción implica una ruptura con los convencio­nalismos, un innato desinterés localizado especialmente en el sentido de la conciencia, en suma, una cierta inmaterialidad de la vida, que es lo que siempre se ha llamado idealismo. De modo que podríamos decir, sin jugar en modo alguno con el sentido de las palabras, que el realismo está en la obra cuando el idealismo está en el alma, y que sólo a fuerza de idealidad puede llegarse a estar en contacto con la realidad.
Y para finalizar -tal vez- lo más importante: el Arte es Movimiento. Un movimiento que integra las capacidades del artista y las desplaza hacia quien admira la obra, quien la hace propia, aún a sabiendas que no es suya. En realidad, así resulta el Arte verdadero: el artista hace la obra como -una cierta- su propia muerte, como un dejarse ir, como lo que deja lo último de un proceso, no lo apropia, lo desgarra y lo entrega, se sacrifica; la obra es, en sí misma, no sólo el objeto, sino la razón y el sacrificio del hacedor; una sacramentación basada en la entrega y en la imaginada devolución....(aunque silenciosa en muchas casos y prejuiciosa en otros...). Así, el artista, ya no es más su obra, es a través de su obra, pero la pierde, se pierde, se olvida a sí mismo, se entrega, se parte como el pan, para entregarse, para disolverse y coagularse tantas veces sea.....hablo de un Artista!!!

Y ese movimiento no es un movimiento intelectual, que se plantea que suceda, sino que existe, está, más allá de las apariencias; solo puede ser censurado, restringido por el falso artista, comparable aquel soplador o falso alquimista.

Se vuelve más que interesante lo que Bergson nos ha dicho al respecto:

Pasemos por encima de la representación intelectual del movimiento, que solo nos figura como una serie de posiciones. Vayamos derecho a él, contenplémoslo sin conceptos interpuestos: lo encontramos sencillo y de una sola pieza. Avancemos aún más: mentes reales, que producimos nosotros mismos. Esta vez captamos la movilidad en su esencia y sentimos que se confunde con un esfuerzo cuya duración es continuidad indivisible.
El Arte nos cambia, nos promete y cumple -sin decirnos- una variación, una alteración; nada puede ser igual a antes, -un soy diferente-, la variación ha ocurrido; así podemos entender que el Arte es un agente de subjetividad, fomenta y procesa la subjetividad; diríamos altero el tiempo y el espacio, el pensamiento y la razón de estar y ser......Si el artista logra esto, estamos ante el milagro de la continuidad de la obra, el artista a plantado la semilla agente del crecimiento, y esta ha dado sus frutos; su obra creció y se extendió y penetró con sus ramas y frutos la subjetividad del que se apropia de la obra, de quien la absorbe, de quien la disfruta; en definitiva, de aquel quien es digno de la obra; el artista y el receptor imaginario del artista, se han conocido, se han hecho uno.... El receptor de la obra produce la continuidad de la obra, la expande. Entendemos que el artista se vuelve un agente de crecimiento, de continuidad; trasciende, se desarrolla, su sacrificio no ha sido en vano (aunque ningún real artista hace obras vanas).

Que una especial “Intuición” pueda ser-estar en nosotros, se desarrolle; e impacte y nos haga captar los agentes de crecimiento y continuidad en cada obra que los artistas bajo este Salón Arcano nos sacrifican; no fosilicemos sus obras: pues ellos las han hecho para que, continúen y se expresen más allá de ellos.

Que perduren sutilmente en cada uno, que sean producto de cambio en subjetividades, que promuevan aquello tan nuestro: ¡Arte por Amor al Arte!