Del Celticismo al Comunismo

Neoist Alliance (Stewart Home)


Sección Contraculturas

 RE: ACTION #6, Periódico de Neoist Alliance

'Ni Pascal ni Descartes' - Solsticio de verano de 1997

En los países anglosajones la religión entra como un elemento importante en el sistema de dualismo moral. La Francia oficial se ha privado a sí misma de este importante recurso. Mientras que la masonería británica es incapaz de comprender un universo sin Dios ni, de de forma similar, un parlamento sin un rey o propiedad sin propietario, los masones franceses han borrado ‘el Gran Arquitecto del Universo’ de sus estatutos. En asuntos políticos, cuanto más amplio el diván, mejor el servicio: sacrificar los intereses terrenales en pos de problemáticas celestes implicaría ir directamente en contra de la lucidez latina. Los políticos, sin embargo, igual que Arquímedes, necesitan un fulcro; la voluntad del Gran Arquitecto debió sustituirse por valores aquende la gran división. El primero de estos es — Francia… En ninguna parte se habla tan fácilmente de la ‘religión del patriotismo’ como en la república secular…León Trotsky

Es bien sabido que las actividades avant-bardistas se estructuran como un ataque continuado a toda forma de nacionalismo. Sin embargo, en vez de reproducir inútilmente valores de vanguardia al tratar de superarlos, nuestro ataque es una forma de auto-consumo. Si la vanguardia fue en origen un término militar, su significado se transformó después de que las autoridades suizas suprimieron el periódico anarquista L'avant-garde editado por Paul Brousse y el Príncipe Pedro Kropotkin en 1878. L'avant-garde se contrabandeaba a través de la frontera hacia su principal audiencia en Francia. Esta actividad clandestina apenas había comenzado cuando el integralista anarquista Pierre-Joseph Proudhon —notorio por su apoyo a la causa de la identidad francesa arraigada en el misticismo celta— la suprimió en 1865.

El chauvinismo social de Proudhon conoció pocos límites; es típico su petardo de 1849: “Mi única fe, mi único amor y esperanza se sitúan en la Libertad y en mi País… No habéis oído nunca desde la infancia como yo a los robles de nuestros bosques druídicos llorar por su país antiguo” etcétera, etcétera. Las principales conexiones de Kropotkin al nacionalismo céltico deben buscarse en el norte británico más que en Francia. En Edimburgo el autócrata anarquista gravitó hacia el círculo reunido alrededor de Patrick Geddes y de William Sharp —verdaderamente una troupe de intelectuales transvestistas— quienes combinaron actividades ‘científicas’ con el trabajo de ‘recrear’ una ‘Escocia’ inexistente a partir de ‘espíritu’ puro. Sharp publicó The Pagan Review y se agenció una pensión del estado con sólo afirmar de palabra que él era de hecho Fiona Macleod — la misteriosa autora de doce novelas célticas. Geddes fue profesor de la cátedra de Botánica en la universidad de Dundee pero evitó la ‘ciencia’ en la medida en que le fue posible.

El comienzo de Iona es típico de la prosa de Fiona Macleod: “En geografía espiritual Iona es la Meca de los Gael. No es más que una pequeña isla formada por un poco de arena, unos pocos pastos salados por la espuma de una incesante ola, unas pocas rocas que vadean el brezo y sobre cuyas frentes la brisa del mar teje el líquen amarillo. Pero desde los días más remotos hombres sacrosantos se han arrodillado aquí en adoración. En esta pequeña isla se encendió una lámpara cuya llama iluminó la Europa pagana, desde los Sajones en sus humedales hasta la gente cetrina que llegó de aguas griegas a comerciar con el Oriente. Aquí la Enseñanza y la Fe tuvieron su tranquilo hogar, cuando la sombra de la espada cayó sobre todas las tierras, desde Siracusa junto al Mar Tirreno hasta las lluviosas islas de Orcc. En ninguna era dejaron los corazones caídos de traer aquí sus pesadas cargas. Iona misma nos ha dado en conmemoración una fuente de juventud más maravillosa aún que aquella que yace bajo sus propias rocas de Dun-I. Y aquí aguarda la esperanza. Contar la historia de Iona es volver a Dios, y terminar en Dios.”

Hoy Fiona ha reencarnado en una deliciosa podómana que confunde obeliscos, pirámides, la esfinge, el Cristo crucificado, un ángel, una antorcha llameante, una hoz y el sol naciente. Fiona bebe cerveza fuerte Adnams Suffolk y maltas de Islay. Hace más de un minuto repudió el alter-ego de William Sharp quien la instó a escribir en The Contemporary Review, allá por 1900: “Creo que nuestra gente ha amado verdaderamente su tierra, y su país y sus canciones, y sus tradiciones antiguas, y que la palabra de sabor más amargo es esa triste palabra de exilio. Pero también es cierto que en el amor amamos vagamente otra tierra, una tierra de arco iris, y que nuestro país más deseado no es la Irlanda real, la Escocia real, la Bretaña real sino la vaga Tierra de la Juventud, la brumosa Tierra del Deseo del Corazón. Y también es cierto que en lo profundo de las canciones que amamos sobre todas las canciones hay un lamento por lo que se ha ido del mundo más que de nosotros simplemente como pueblo, o un suspiro anhelante de aquello que el corazón desea pero que ningún destino mortal requiere.”

Escocia o Irlanda, todo es una ilusión, el avant-bardista no tiene país. No tenemos necesidad de la tribu o la banda, de brujas ni brujos, de bongós, brazaletes, abalorios ni barbas. Fiona tuvo algunos nietos que repitieron sus errores. Todavía hoy los repiten. En 1890 o 1960, no hay diferencia. La persona hace el mundo pero no en las circunstancias que elegiría. ¿Cómo llamarías a una colección de antigüedades hippie? Mitchell Goodman llamó a su antología The Movement Toward a New America. ¿Quién necesita una Nueva América? ¿Quién necesita a Bretaña, Francia, la Isla de Man? ¿Quién necesita naciones o nacionalismo? Ni tú ni yo, el avant-bardista no es de ninguna tierra. El primitivismo es el peor producto de la civilización y es eso exactamente lo que recorre la antología de Mitchell Goodman. “‘Qué está pasando’: Veo el Movimiento, entonces, como una cultura primitiva… Primitiva, pues. ¿Pero en qué sentido es una ‘cultura’? Veo la gente del Movimiento como Nuevos Americanos, que reconocen que la vieja América se destruye a sí misma… Ven la necesidad, entonces, de hacer una cultura nueva…”

Lee Baxandall se ve representado en la antología de Goodman por su ‘Espectáculos y Escenarios: Una Dramaturgia de la Actividad Radical’. Al igual que tanta otra patraña movimientista/yippie/de nueva ‘izquierda’, esta pieza es la quintaesencia del anarco-bolchevismo: “Lenin estuvo oculto durante muchos días cruciales de 1917, y Trotsky fue de nuevo la figura más motriz, si bien no tan predominante como en 1905. Su libro sobre 1917, The Russian Revolution, es virtualmente un guión de dramaturgia radical. Trotsky comenta, por ejemplo, el poco espacio de maniobra que le queda a los gerentes de espectáculos una vez que las cosas se ponen en marcha: los libretos de los roles de Romanov y Capeto fueron prescritos por el desarrollo general del drama histórico, y sólo les quedó a los actores el detalle interpretativo. La inventiva de las escenas de los rebeldes sale a la luz — como durante la revolución de Febrero, cuando una unidad de los temidos cosacos apareció frente a un grupo de trabajadores desarmados quienes ‘se quitaron sus gorras y se acercaron a los cosacos diciendo: Hermanos-Cosacos, ayuden a los trabajadores en la lucha por sus reclamos pacíficos, verán cómo el Faraón nos trata a nosotros, trabajadores famélicos. ¡Ayúdennos!’ Este modo conscientemente humilde, esos gorros en sus manos — ¡qué cálculo psicológico más preciso! La historia entera de luchas de barricadas y victorias revolucionarias está llena de improvisaciones semejantes.”

Atravesando todo esto, entonces como ahora, está Gary Snider, una figura clave del anarco-primitivismo. De Earth Household: “Las culturas tradicionales están en todo caso condenadas, y en vez de aferrarse sin esperanza a sus mejores aspectos debería recordarse que lo que es o alguna vez fue en cualquier otra cultura puede ser reconstruido a través del inconsciente, a través de la meditación. De hecho es mi punto de vista que la próxima revolución cerrará el círculo y nos unirá de muchos modos con los aspectos más creativos de nuestro pasado arcaico. Si tenemos suerte eventualmente podremos llegar a una cultura mundial totalmente integrada, de descendencia matrilineal, matrimonio libre, economía comunista de crédito natural, de menor industria, mucha menor población y muchos más parques nacionales.”

Presten atención a las sandeces supinas de Snyder: una cultura mundial integrada con formas ‘geniales’ de alienación — descendencia, matrimonio, crédito y parques nacionales. El avant-bardista quiere deshacerse de todo esto y de sí mismo. Queremos abolir la propiedad privada y terminar con la alienación que surge de la división de tareas — ¡queremos comunismo, no una economía ‘comunista’ de crédito natural! Hace treinta años Snyder nos ofrecía budismo y la ‘próxima revolución’ — ahora tenemos un capitalista ‘con onda’ trabajando bajo el pseudónimo Hakim Bey, promocionando el sufismo y la ‘próxima revolución’. Hakim Bey no trabaja por la liberación, está sintetizando una nueva identidad norteamericana. Solía trabajar para el Shá de Irán, toda forma reaccionaria es trigo para su molino. El reemplazo de la ética de trabajo protestante por el grito de ‘¡me fui a Groatan!’ hace al argumento de ventas de Bey ‘tri-racial’ — o sea, aún así ‘racial’. ¡Abajo con el Orientalismo! ¡Abajo con todas las identidades nacionales!

¿Quieren un gran ‘norteamericano’ con conocimiento de diferentes civilizaciones? Prueben con Ignatius Donelly, el hombre que dio forma popular a la leyenda de la Atlántida y terminó descubriendo la notoria ‘cifra Baconiana’ en las obras de Shakespeare. ‘Franco-Rumania’ lo tiene a Tristan Tzara, el antiguo dadaísta que gastó los últimos años de su vida en una serie complicada de anagramas que ‘descubrió’ en las obras de Rabelais y Villon. Naturalmente, Tzara el ‘anti-artista’ con métodos ‘críticos’ excéntricos encontró obras frescas que atribuir a sus sujetos. Tzara pasó penosamente los últimos días de su vida, yendo de aquí para allá trabajando en el manuscrito de Rabelais, indicando al final bajo una carpa de oxígeno las correcciones necesarias al texto. El avant-bardista comprende el valor del fraude, sabe que por tratar de evitar ser Dadá se replica a Dadá. El avant-bardista escupe sobre la memoria de todos aquellos que atraen epígonos.

Hoy Fiona Macleod renació como el cómico de la farsa montada en el teatro del mundo. Fiona amplía las nociones tradicionales de lucha social para abarcar todo lo que de positivo hay en la cultura popular urbana contemporánea. La manipulación y el derrocamiento del lenguaje de los mitos es el punto de partida de Fiona. Saquea los arquetipos tanto de la cultura popular como los escupidos por los renacentistas religiosos tecno-paganos. Fiona Macleod no es el producto de una visión predemocrática y preindividual del mundo que reivindica una unidad social despótica. El avant-bardismo es un chamanismo lúcido que se sitúa a sí mismo alrededor, entre y debajo la democracia y la individualidad. Como druida, Fiona Macleod apoya la libre y caótica empatía entre todas las criaturas. Cualquiera puede ser Fiona Macleod simplemente adoptando el nombre. Enchúfate al Intelecto General, vuélvete Fiona Macleod antes de que Fiona Macleod venga a buscarte. Persigue a Fiona Macleod antes de que Fiona Macleod te persiga a ti. Nadie merece la cárcel.

Traducción por Matías Giovannini