Once Tesis sobre la Alquimia

Neoist Alliance (Stewart Home)


Sección Contraculturas

 RE: ACTION #6, Periódico de Neoist Alliance

'Ni Pascal ni Descartes' - Solsticio de verano de 1997

CIENCIA, POLÍTICA Y GNOSTICISMO: ONCE TESIS SOBRE LA ALQUIMIA

Lo que yo creo es el núcleo oculto de mi vida no será fácilmente decifrado, ni aún cuando cuente, como aquí, sus circunstancias exteriores.William Carlos Williams

1 La alquimia no es belleza en sí misma, porque la belleza es un ideal estático. Nuestro arte no es ni gayo ni triste, ni luminoso ni oscuro, ni negro ni blanco. Nos hartamos del espiritualismo y de las academias astrológicas, meros laboratorios de ideas formalistas. El propósito de nuestro arte no es el oro ni tampoco el aplauso del gentío. Todo profeta llega finalmente al banco con su comparsa, abierto a la posibilidad de que al místico le arda la palma enrojecida por haberse cruzado con enormes sumas de plata.

2 La alquimia no llega a las masas voraces. Es trabajo de creadores y nace de una necesidad real del alquimista para el alquimista. Evidencia el conocimiento de un egoísmo supremo donde las leyes languidecen. Cada demostración de este arte debe hacer explosión, ya sea a través de una seriedad profunda y grave, del torbellino, del vértigo, de lo nuevo, de lo eterno, a través del entusiasmo de principios; ya sea por el modo en que el alquimista revela su existencia a aquellos con la lucidez suficiente para aprehenderla. He aquí un mundo tambaleante y fugaz, desposado a las campanas de la balanza infernal.

3 Ya el edificio de nuestro lenguaje tiene cimientos demasiado débiles como para recomendar a nadie refugiarse en él. Y antes de reconstruirlo es esencial derribar lo que todavía parece sólido y lo que hace alarde de estar aún en pie. Las palabras aglomeradas por el artificio de la lógica deben ser separadas, aisladas. Deben ser forzadas a desfilar otra vez frente a ojos vírgenes cual animales luego del diluvio, saliendo de a uno del arca, antes de toda conjura. Y si por virtud de alguna antigua convención puramente tipográfica son colocadas en fila en una única línea, asegúrate de ordenarlas en un desorden en el que no tengan motivo para seguirse las unas a las otras. La evolución de nuestro arte es un orden cíclico. Progresa de a saltos y con interrupciones, mediante el choque antagónico de las corrientes exploradas, las que son rehusadas y negadas hasta poder ser asimiladas por lo que sigue.

4 La necesidad de encontrar explicaciones para lo que no tiene otra razón de ser que ser hecho simplemente sin discusión, con el mínimo de criterio y de crítica, es como la autocleptomanía de meter perpetuamente la misma cosa en bolsillos diferentes. La especie es pobre porque se roba a sí misma. No se trata de la dificultad de entender la vida sino del robo (des)individualizado de los elementos de su propia personalidad. El alquimista fructifica el metal dejando que duerman los sentimientos. Ponemos un búho en un hexágono, recitamos hexámetros, usamos ángulos. La geometría euclídea es árida y vieja. Una línea sin puntería mata teorías. Las ideas envenenan la alquimia. Si el veneno lleva un nombre rimbombante salido del fondo de la barriga filológica, la alquimia se vuelve contagiosa; y si uno se regocija en esa muscularidad intestinal, la mezcla se vuelve peligrosa.

5 Humedad de eras pasadas. Los que se alimentan de lágrimas son satisfechos y pesados. Salvo por motivo de abundancia y explosión, el alquimista sabe cómo fogonear la esperanza. Este deseo hierve de entusiasmo, modo fructífero de la intensidad. El espíritu de ese hombre negativo, siempre listo para dejarse matar por el tíovivo del viento y aplastar por la lluvia de meteoros, va más allá de la dulce histeria asentada en suntuosos departamentos de pacotilla egipcíaca. Ya sean formas, colores, volúmenes, sonidos o palabras los que entran como mediadores en la operación de esta cosa, no es sino negando su naturaleza específica que el alquimista los vuelve capaces de actuar de tal forma de que sean reintegrados de acuerdo con la naturaleza nueva y más general que desde ese momento se les asigna.

6 El alquimista entiende que la siguiente etapa del arte existe sólo en el momento de intensidad donde la belleza y la vida, concentradas en las alturas de un cable de metal, ascienden hacia el fuego. Numerosos son quienes ya no buscan soluciones en el objeto y en sus relaciones con el exterior; son cósmicos o elementales, resueltos, sabios, simple, serios. Esta es cualidad esencial de la obra. Implica orden, que es una condición necesaria para la vida de cualquier organismo. Elementos múltiples, diversos y distantes se concentran más o menos intensamente en la obra. El alquimista los recolecta, los selecciona, los dispone y hace de ellos una solución. La temperatura de la solución es en principio un tema sin consecuencia: aún así con el aumento o disminución de la temperatura llega un punto donde este estado de cohesión sufre un cambio cualitativo y la solución se convierte en vapor o en hielo. La cantidad es capaz no sólo de alteración, es decir aumento o disminución; tiende naturalmente y necesariamente a excederse a sí misma.

7 Hay dos principios de lo cósmico: (a) dar igual importancia a cada objeto, ser, material, organismo del universo; (b) acentuar la importancia de nuestra especie, subordinándole cosas, seres, objetos, etc. El núcleo de este último principio es un método psicológico; el peligro reside en la tendencia hacia la corrección. Es cuestión de dejar que el sujeto se vuelva lo que quiera. El alquimista se deja llevar por la posibilidad de sucesión y de impresión. Para el primer principio la necesidad toma otra forma: colocar a la especie junto a otros elementos tal y como es a fin de mejorarla. Trabajar juntos anónimamente en la gran catedral de la vida que es nuestro proyecto, dejando salir esos instintos que —si la personalidad se ve sometida a presiones excesivas— toman proporciones de maldad babilónica y de cinismo.

8 La alquimia es cualidad de un movimiento psíquico dado, una liberación de fuerzas que, respondiendo a la acción de una compulsión por ahora desconocida, es capaz de causar que ciertos fenómenos pasen de un estado de ser a otro en la dirección de una síntesis que es un acto cuantitativo de conocimiento y que llamamos ennegrecimiento. La serpiente se centra a sí misma en un punto de una línea formada por la frontera entre lo blanco y lo negro, y toma su sustento logrando que la masa en el abismo converja hacia este punto, se proyecte al mundo exterior en una divergencia y en una forma superior en correspondencia con aquellas que están en estado latente en las profundidades del mundo interior. La materia debe ser inmodesta, insolente y brutal, no sea que caiga en anulación.

9 La siguiente etapa consiste en aprender a moverse de una cosa a la otra de acuerdo con el modo metafórico. Este movimiento que excluye por su propio dinamismo todo aquello que es orgánico, es decir el uso natural y continuo de transferencia en el proceso de reducción y disolución, puede explicarse como un método para sistematizar el olvido. A pesar de la apariencia hermética de la alquimia —esa álgebra personal formada por el proceso de simbolización, que para ser traducida requiere tanto de estudio como de intuición— está indisolublemente unida a encuentros con ciertos arquetipos psíquicos. Por eso es necesario abandonar la purpurina de palabras e imágenes y mezclar la propia identidad con la obra. La alquimia es un pasaje. Tiende a integrarse a la vida abandonando su forma. La transformación que su forma ha sufrido por medio de la putrefacción lleva a otros cambios y puede llegar a hacerla perder sus características sensibles.

10 El determinante licantrópico es, por así decirlo, subterráneo. Se presenta sólo como un impulso que permanece invisible a lo largo de la obra. Por eso la porción de acción sin dirección es mayor en él. La significación misma tiende a desaparecer bajo la presión del chorro producido por los poderosos movimientos que induce. La creación ahora importa poco, no puede haber ni equilibrio ni descanso. A la pregunta ¿es la alquimia una realidad en sí misma, o sirve para representar una realidad imaginada? algunos charlatanes han respondido optando por la segunda proposición. Esta reacción contra la alquimia, que tiene su fin en sus propios medios, arriesga volverse a su vez la expresión de una confusión más general. Sin embargo, la estabilidad es sólo un momento imperceptible. Por eso los necios tienden a creer que, en contraste con la apariencia de una hipertrofia sensorial, sería fácil poner en marcha efectivamente y sin suprimir detalle la precipitación rotatoria de un mundo acelerado.

11 Ahora podemos decir que la alquimia ha vuelto sobre la senda por cuyas formas plásticas, desde las artes anónimas hasta la hábiles expresiones del renacimiento, fue inventada. Al reexaminar los medios de creación por los cuales nuestra especie se ha forzado a sí misma a través de las eras a sintetizar sus representaciones del mundo, la alquimia niega no sólo el objeto de esa representación sino también los esquemas interpretativos que se han enquistado en diferentes períodos y en diferentes partes del mundo.

Traducción por Matías Giovannini