Marek Przybyła

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No fue por azar que nací en Katowice, en el año del Dragón, en el día 13 de algún mes, cincuenta años y dos meses después que Hans Bellmer. Comencé con mi serie de pinturas "la Edad de Oro" cuando habían pasado cinco años de mi primer década practicando alquimia interior. La serie fue creando un mapa propio de experiencias, epifanías, descubrimientos y raptos que fueron la compañia ideal de esta práctica. La lectura de todo tipo de material conseguible sobre el tema en aquel momento fue de gran ayuda para mi solitario camino. Estudiaba y progresaba, mis estados de melancolìa¡, contemplación y euforia contenida encontraban un espejo perfecto en cierto tipo de pintura de retratos renacentistas. Aún puedo escuchar el sonido zumbante del bosque de bambús de la caligrafía china, que todavía me sigue invitando a conocerlo mejor, a recorrerlo hasta llegar a su corazón. Estaba feliz y, obviamente, interesado en seguir a aquel pequeño puñado de pioneros que había tomado un camino paralelo al mío, especialmente de aquellos pioneros que al igual que yo venían de una cultura occidental. Solía buscar escritos, pinturas e ilustraciones con elementos relevantes para esta búsqueda. Tras haber leído algo de literatura Taoista, descubrí que mi ideología era sorpresivamente compatible con el Tao, por ello fue que dejé de pensar en que existe una dicotomía entre lo oriental y lo occidental. Esa apertura mental me permitió acercarme de otra forma a los grandes problemas universales y esos mismos se volvieron la Clave para entender los Colores. Mi colección de escritos en prosa, dibujos y pinturas comenzó a girar en torno a los colores de los nombres y los nombres de los colores.

De alguna manera pienso que tengo un innato entendimiento del arte como un carruaje universal que trasciende los tiempos y que jamás se atora en los sinuosos caminos del misterio. Las intangibles posibilidades de su recorrido suelen revelarse incluso en las manifestaciones artísticas más simples y básicas. Hay veces en las que este vehículo se vuelve nuestro infalible guía, otras veces nosotros somos quienes lo conducimos con confianza. A veces terminamos repletos de moretones, pero el camino siempre nos conduce hacia algún lugar mientras vamos descubriendo las nuevas cavidades fértiles de nuestra alma a lo largo de la ruta. Y si los viajes encuentran su expresión independiente, las verdades eternas no reconocidas se darán a conocer de nuevo a través de su deslumbrante belleza convulsiva que une cuerpo y alma. Las dos ruedas valientes de mi carro son el antiguo arte de Egipto y el arte clásico de China.

Website oficial:
http://www.przybylam.art.pl

E-Mail:
marek.przybyla@gmail.com (inglés o polaco, por favor).