La Fórmula Secreta en el Mito del Minotauro

Carlos Correa

 

En el laberinto de nuestro interior, reside siempre una bestia. Y sólo el amor la redime. 

Ariadna, era hija del rey Minos, su casta no solo era real, sino divina, pues su padre descendía del propio Zeus. Tenía un medio hermano, Asterión, el Minotauro, que encerrado en un laberinto mataba anualmente a 14 jóvenes que le servían de alimento.

Hubo una vez que Ariadna se enamoró de uno de ellos. Su nombre era Teseo, y por amor a él lo ayudaría a vencer al Minotauro, si él prometía llevarla de Creta y hacerla su esposa. Así fue.

Ariadna pidió ayuda a Dédalo (quien había construido el laberinto) y éste simplemente le dio un ovillo de hilo de lino, con el cual su héroe podría encontrar la salida. Ariadna, sostendría en su mano una punta del hilo, esperándolo a la salida mientras él, sosteniendo el otro extremo se adentraría en el laberinto a cumplir su cometido. Y así lo hicieron. 

Esta es la historia tan conocida, tantas veces contada y a la vez, tan poco comprendida.

Esta es la formula del amor perfecto. Como Ariadna, al amor perfecto no podemos salir a buscarlo, sino que nos llega, viene a nuestro encuentro.

En esta historia de amor no hay uno, sino dos héroes. Teseo que vence a la bestia y rescata a Ariadna, y la propia Ariadna, que se juega y se revela contra sí misma y su país por amor a Teseo. 

La leyenda del Minotauro nos cuenta la clave del amor. Sus personajes son representaciones de nosotros mismos, facetas de nuestra propia historia. 

Ariadna es una joven virgen con linaje real y divino. Es que el amor verdadero no le llega a todos (la realidad es abrumadoramente concordante con esto). Debemos tener una esencia que no es de este mundo y mantenernos puros en ella.

Su medio hermano era una bestia encerrada en un laberinto, pero no por ello menos conciente de sí y de su condición. El Minotauro representa la parte animal de Ariadna (la emocionalidad impetuosa femenina), que debe ser redimida y que se encuentra en los laberintos de su interior. Una parte que en el fondo espera esa redención.

La redención no puede ser dada por cualquier hombre, sino por aquel elegido por Ariadna. Esta elección no es hecha con la cabeza, sino con el corazón.

Teseo era un hombre que iba a morir en manos de la bestia. De tantas personas que pueden pasar por su vida (y perecer en ella a causa de su animalidad), Ariadna eligió a Teseo y se dio completa a él. Y él la aceptó. A partir de allí, la mujer asume también su papel heroico, pues decide sacrificarse a si misma, abandonar su país y colaborar para que su héroe mate a su Minotauro y la rescate. En otras palabras, ella elige al hombre que deberá vencer a una parte de ella.

Su ayuda es simple (le entrega un hilo de lino), pero su decisión trascendente. Ariadna fue la sostenedora, la paciente guardiana del hilo que le permitiría a Teseo escapar del Laberinto para retornar a ella. La fuerza femenina que espera y contiene a la fuerza masculina que busca y vence. Algunos dicen que tambien le entrega una espada, simbolo de la masculinidad, con la que mata al minotauro. 

Así redimieron juntos a la bestia y perpetuaron el amor que fue el origen y el destino de todo.