Selección de Poemas

José L. Molteni

El Navegante

Que la Sabiduría nos enseñe a mirar hacia delante y contemplar el firmamento para no perder el rumbo,
que la Fuerza de los vientos soplen con toda su furia y nos impulsen para alejarnos de Fobos;
y que la Unión le dé coherencia a nuestros sueños.
Llamaré a la muerte para que dance a mi alrededor,
con la esperanza de que el Fuego del Destino ilumine el Faro Alejandrino.

¡Que el navegante nunca deje de navegar!

Amor en las cercanías de la ciudadela del rey ciego

Sobre el monte del Guysalem, en la Arcis Regius Caecus (ciudadela del rey ciego) sentí una vez que mi corazón vibraba tan despacio que mi cuerpo empezaba a desmoronarse, de modo que mis labios empalidecían como la primavera ante los fríos vientos de Siberia.

Amor lejano, te veo escondida sobre un velo de lagrimas; quizá si siguiera tus huellas sobre el mar descubriría que nuestros cuerpos y almas están unidos en un único espíritu. No lo sé, tal vez forjamos con aquellos besos una cadena más extensa que los siete mares de la antigüedad, invulnerable al devenir del tiempo... y tal vez tú y yo lo ignoramos.

Lo sé, mi dulce princesa, ya no podré verte jamás, mi amor y mi mundo se acaban sin ti. Mi vida es mortal, y tú, mi dulce tesoro ya vas rumbo a la inmortalidad. Le he rezado a mi madre, el firmamento y mi padre, la tierra, y a mis hermanos, el aire y el agua, y fue en vano... ¿acaso deberé pactar con mi sombra?

Amada Estrella de Mar; le canto a las flores en tu ausencia mientras recuerdo tus ojos claros penetrando en mis recuerdos; el sagrado lugar donde tu sonrisa es el arcoiris que ilumina mis tormentas.

Invoco a la Stella Maris, a través de este suave suspiro, con intención de un pacto para que tu partida no sea eterna y vuelva a tenerte entre mis brazos y besarte por última vez como besa el rocío a su rosa.

Y yo, de rodillas, con la mano derecha apoyada sobre mi pecho, me sitúo frente a mi sombra; aquella esclava que me ha acompañado hasta el día en el que decidió ser mi verdugo que, de repente, se transformó en un hombre crucificado con clavos al que sostuve hasta que, tras empaparme en su sangre, volvió a transformarse. Los latigazos en su espalda empezaron a desaparecer hasta que se convirtió en fuego rojizo y negro. Es ahí cuando me presenta el papiro y firmo el pacto. Con mi sangre bañé mi pluma y él con la de su clavo... así, trazamos juntos el pacto sagrado.

Sólo me pidió que trazara un círculo con el índice mientras recitaba en voz alta lo siguiente contemplando el amanecer : ¨ Oh Sophia, la verdad se hará verbo cuando diga el nombre de mi amada flor desde lo más profundo de mi corazón. Amada inmortal, brillante como la plata, hipnótica como el mercurio y volátil como el azufre, trazo con mi dedo índice y medio sobre las arenas tu nombre, para jurar nunca más pronunciarlo.¨
EL Ángel Caído...

Concentrada estaba mi mirada, detenida en aquella dulce sonrisa, donde sus labios, como los de una flor de ciruelo han caído sobre mí, han florecido y visto caer su belleza, mas no es así, porque, después decontemplarte eones, he logrado reconocer, dulce princesa, que tú eres la vida, la tierra fértil, el dulce vuelo deun cisne y la ninfa del bosque de ciruelo; en suma, la criatura más sublime que el hombre pueda encontrar, pero es que, tal vez, tú simplemente seas la reina de mis cielos a quien amé en silencio durante eternos ciclos siderales.

Una vez un sabió me contó una historia en la que un guerrero olvidado, tras ver caer una estrella de fuego sobre el Bosque, partió inmediatamente en su corcel hasta alcanzar las cumbres del Monte del Destino.


Subió el guerrero, oculto bajo la túnica del olvido, con el cuerpo agotado por el fragor de su lucha por la vida, pero también con el espíritu exaltado por una vida que sentía más importante que la suya; y así trepó, desgarrando sus manos, hasta que alcanzó la cima. Su flagelado cuerpo seguareció de la tormenta en un nido de bestias aladas, enormes y ciegas, que sólo se guían mediante su olfato y su oscuro paladar. Esto fue lo que dijo el sabio Aeda, que logró leer aquella antigua leyenda.

Cuando el guerro flaqueaba, su corazón le instaba a continuar subiendo, pese al escozor de su torso, desgarrado por el frío, y sus pies heridos por aquellas piedras falaces y carentes de solidez.

El guerrero que nunca quiso ser amado, amó y ese es el origen de aquella luz que rompió la tristeza de la noche, una luz que bañaba a la mujer más hermosa y, detrás de ella, a un encapuchado que con una daga pretendía arrancar el pecho de esa joven y hermosa mujer.

Fue así cuando el guerrero olvidado detuvo la mano del hechicero, que habló así:

M- ¿Sabe usted quien soy?

J.O- No lo sé…pero evidentemente sería muy cobarde asesinar a otra persona ¿porque lo hace usted?

M- Sabes que sólo quiero su corazón... y tú también.

El anciano apartó su capucha y, ante el asombro del Joven Olvidado, descubrió su rostro, que era el rostro de la Muerte. 

Es por eso que en una lucha infinita, el joven mortal y el anciano de los tiempos pelearon por un joven lucero, aunque evidentemente esta batalla, ya tenía un vencedor; el anciano de los tiempos, que es eterno.


Así fue como aquel joven se abrazó a la Muerte, que le decía: "¿Por qué no me has dejado llevarla? Ahora... ¡moriremos!".

Al morir, en el bolsillo del guerrero se pudo leer un pergamino que decía:

Contigo siento :
Oh dulce cometa, ángel caído, belleza inmortal.
Luz en imperecedera
Unión en un solo espíritu
Ceguera originada por uno mismo para ver con los ojos del alma.
Ignorancia desarmada
Ausencia desterrada

Enamorado del Lucero del Alba...
...Guerrero Olvidado

Un instante con una Camena

La mujer te envidiará por ser no sólo una mujer sino mi diosa
Saber enamorar y desencantar, esa profunda y monstruosa capacidad de destronar al mismo Saturno, es lo que le hizo comprender a Emmanuel Swedemborg, aquel que sentado frente a su espejo trazó con sus manos la más hermosa poesía sobre los firmamentos, el significado de la amistad y lo imperecedero.
¿Por qué conviertes vuestra gracia y voz en una danza de fuego para mi espíritu mientras que con tus arrebatos coléricos y faltos de solidez envenenas los cimientos de mi alma con Estroncio?
Mediante este suspiro he de rogarte ninfa de las ninfas, que me incites a circunvolucionar otra vez en tu lago y así lograr generar luz, ayúdame a que destrone la brutalidad en cada roca para volver a edificar las consecuencias de encontrarte; miénteme en esta noche para que crea que eres la mejor compañía aunque seas traidora, gobernante de mi pecho, dulce verduga de mi alma.
Ante ti he caído una y otra vez de rodillas mediante algún tipo de ceguera causada por la carcajada de Thanatos quien llevaba prisionero a un Epimeteo desnudo y vendado, pese a tu sombrío filo sobre mi pecho, decido adentrarme hacia las aguas.
Pero sigues siendo tú la fría consorte que besa mis labios logrando que el aliento se marche de mí, de esta manera mi espíritu será proscrito de aquel que ya no puedo llamar "mi cuerpo".
Por tus virtudes entre las Camenas, tú resaltarás por eones.

Un nuevo amanecer

Los sueños dejarán escapar la nocturna esperanza 
cuando el espíritu no sea libre, es ahí cuando todo se hace sombra.
Ilumina tus miedos,
dulce ladrona de mi alma, 
y veras que nada existe allí.
Ciega al destino 
con el destello perfecto 
puro y lumínico 
de tu corazón.
Haz dulce princesa
que ese bosque seco 
cobre vida 
con un único suspiro de esperanza.
Observa volar las aves y 
contempla sentada 
sobre el árbol caído 
cómo nacen sus brotes 
que la sabia naturaleza 
estimuló a la entropía, 
para que la nada muera 
y el todo vuelva a nacer. 
Pero cuando termines tu reflexión y quieras sumergirte 
en el lago de los recuerdos 
tómame de la mano 
y hundámonos juntos... 
así cuando sientas miedo 
te acompañaré 
hacia superficie nuevamente 
para que, simplemente, 
el agua 
nos purifique.,
ya que no todo miedo 
es catastrófico 
sino revelador; así podrás, imaginario ángel, 
esconderte entre mis brazos 
y animarte un día mas 
a mirar la luz del sol 
y ver el bosque nacer.

La leyenda de Kytzia

Esta historia trata de un tiempo olvidado en el que el hombre con una mano sustrajo a Prometeo las llamas de la razón mientras con la otra sostenía la copa de la que bebería la sangre de su maestro.

El hombre es su propio dios.

Esta es la historia de un Ángel Caído, una criatura divina expulsada de los reinos de los cielos por desobedecer una orden de dios. 
Todo tuvo origen en la historia de un joven alpinista que sería asesinado por la Parca cuando todavía el plazo de su vida no había terminado. Esta criatura, al escuchar el diálogo entre el guardián de los cielos y la muerte decidió ocultarse y, cuando ellos se fueron, tomó el pergamino del destino que guardaba celosamente aquel santo. Con él en su poder, caminó apresuradamente en aquel reino majestuoso de cúpulas infinitas y, preso de la curiosidad, se ocultó detrás de una columna. Allí decidió romper el sello y, a medida que desenrollaba la hermosa impronta serafínica, empezó a leer con asombro cómo aquella persona había revertido gran parte de sus malos actos con sus grandes obras.

Kytzia tomó una decisión: se acercaría a la Parca para desafiarla a jugar una partida de ajedrez. Si ella ganaba, podría dirigirle unas palabras al reo antes del cumplimiento de su condena. El Ángel de la Noche aceptó con frialdad.
Al llegar al final de la partida, la que en una lengua perdida recibió el nombre de "Lucero de la mañana¨, Kytzia, estaba completamente perdida cuando Dios con un grito irrumpió en la sala en el mismo instante en el que la Parca se disponía a ejecutar un jaque mate rotundo. La Muerte se asustó y entre sus dedos se deslizó la figura del rey, que cayó sobre el tablero. Absorta, sonrió, miró a Kytzia a los ojos y le dijo suavemente "corre"-.
 

En aquel instante el ángel, temblando de frío, huyó, empujando a quien se interpusiera en su camino, y echó a volar.

Dios, enojado, la desterró de los cielos.

Los arcángeles, obedeciendo órdenes divinas, golpearon a Kytzia y esta fue arrojada a las cumbres de un monte santo.

Ella caía y, en la distancia, un joven alpinista que era testigo de un combate feroz observó si cuerpo caer. Tras la brutal caída, Kytzia se despertó, a la vez que una fuerte energía que manaba de su pecho hacía sanar sus heridas. Así, pletórica, extendió sus alas, abrazando con ellas al peregrino.

De pronto, a lo lejos, ve una cueva e, impulsada por un presentimiento, se adentró en aquel espacio, situado unos cientos de metros bajo sus pies. En las entrañas de la cueva descubre a un joven completamente inconsciente que yacía sobre un altar. Ella le tomó en brazos, le besó, lloró y rezó por su alma. La Parca se aproximó a ella con una sonrisa en los labios, diciendo: "Kytzia, no has podido salvar al ser que amabas. Yo le dije cómo podía curarte y él parece que te tomó mucho cariño; ahora debo llevármelo" y, acto seguido, le dio el pergamino, obedeciendo la última voluntad del joven alpinista.

El pergamino contenía un diario que decía así:
 

Día 1

 

Ascendiendo hacia las cumbres, mis manos empiezan a sentir el cansancio… el temor. Por momentos siento el respirar en mi nuca de algo helado y anormal que marchita las flores que hay a mí alrededor y quiebra las piedras. 


Oh, babilónico ciudadano, pretérito perfecto del tiempo, te escondes sobre la meseta del Tigris y te desangras sobre las venas de Éufrates.


Día 2

Escucho hombres con cítaras, delirando sobre las colinas junto con sus rebaños, es allí que te encuentro, hermosa criatura, desgarrada en el cuello, golpeada con vehemencia inconcebible: ¿Qué pecado puede haber cometido tan dulce y bella criatura?
Intento acercarme a ella, sus alas están desgarradas y su rostro magullado, por eso la cargo en mis hombros y cuando, a pesar de la bella carga, logro ascender más aquellos hombres con cítaras ya no estaban.

Día 3

Descubro una cueva. Para acceder a ella debo bajar sobre escalones escarlata que trazan un trayecto circular, conduciéndome al interior de la montaña. Al continuar, veo un altar cubierto con pétalos de rosa. Tiendo sobre él a la criatura. De ese modo puedo observarla mejor. 

¿Quién será tu alfarero? ¡Tanta belleza sólo pudo haber sido esculpida por las manos de Dios!

Día 4

Tomo tu mano y acaricio tu rostro tan frío; no veo suspiro ni calor en tu cuerpo, mis lágrimas se vuelvan sobre tus heridas.
De pronto me doy cuenta de que estoy bajo un suelo blanco y negro y una voz me dice ¨eterno será el beso que le daría la vida a este joven ángel¨.

Día 5

No pensé en ningún momento el por qué del destierro de este ángel, sólo la besé y sentí cómo lentamente mi corazón iba dejando de latir, como el frío invadía mi piel y cómo con un último destello de luz observo que mi luz es parte de la suya.


Por favor, perdóname Dios… pero creo que me enamoré de tan hermosa criatura.
Que este sabio maestro que me enseñó cómo devolverle la vida al ser que amo le dé estas memorias.

Kytzia al leer estas palabras, pálida, y completamente enamorada, abrazó a la parca y se lanzó al vacío con ella entre sus brazos, dejándose caer. "¿Por qué haces eso?" preguntó la Muerte. "Por amor" fue la respuesta. En aquel instante, Kytzia besó los labios de la Parca. Ambas se despeñaron por un barranco. La Parca se desintegró sobre el abismo.

Kytzia cerró los ojos y, al abrirlos, estaba el joven alpinista curando sus heridas, 
Ella, moribunda, tomó su brazo y le dijo:

"No podrás salvarme. Te amaré en mi próxima vida y en todas las que vendrán después. Siempre estaré muy cerca de tu corazón".