El ángel caído desconocido

Por Carlos Correa

Angel Caido Madrid

En alguna terraza de la calle Mayor de Madrid está la menos conocida de las estatuas sobre un ángel caído. ¿Cómo llegó este ángel a caerse allí? No lo sé. Quizás fue llamado por algún viejo mago alquimista. Quizás en algún apartamento del edificio en cuya terraza reposa, estaba lo que el ángel buscaba…

Dicen que no es Lucifer, que no cayó por envidia ni celos a la humanidad, dicen que no se había opuesto a Dios. Era solo un ángel que simplemente no estaba contento en el cielo. Y que había contemplado el amor, como solo se logra en la tierra.

El ángel simplemente no aceptó su destino corriente, pues el amor humano vivido desde lo alto no pudo sino conmoverlo hasta el punto de entender que su perfección que se ve desde la tierra, era monotonía vivida desde el cielo.

La estatua refleja el momento exacto de su caída. Sus pies hacia lo alto y su cabeza golpeando el suelo. Su cuerpo... inerte, pues solo se cae a la tierra dejándose llevar sin control alguno. No es la famosa estatua del parque del Retiro, coronando una fuente, majestuosa como el momento que representa. Es una estatua pequeña, desapercibida, extraña.

Si bien la Historia privilegia al ángel que cayó por soberbia, este ángel ignoto, cayó por amor.

Ese amor era tan humano, que no le trajo la paz celestial, sino que lo llevo a la confusión de los laberintos de la materia. ¿Por qué renunció a los cielos para venir a la tierra? Porque sintió como humano, y así fue más que ángel, más que hombre. Cayó a la tierra porque en realidad, nunca perteneció solo al cielo.

Dicen que no es el único, que otros ángeles sin nombre cayeron también.

Perdieron sus alas y caminan entre los humanos, sin serlo. Viven la realidad de la tierra sin sentirse contentos en ella, pues su esencia viene de lo alto. No son conocidos en la sociedad. Incógnitos, sufren la cotidianidad sin entender porque, pues con sus alas, se fue también su recuerdo del cielo.

Quien esculpió la estatua lo sabía, y por eso su obra. Discreta, como los mismos caídos. Solo visible a los ojos capaces de comprender.
Cuentan que la obra la esculpió una mujer, que se había enamorado del ángel. Ella también había conocido el cielo.

El amor de ambos era tan profundo que hacia brotar sus naturalezas divinas y con ellas todo el dolor de la tierra que las contenía. La imperfección de la materia, solo puede ser tolerada por aquellos que son de la materia.

Sin saberlo ellos buscaban su retorno, cada vez que su amor se expresaba, se sentían llegar al cielo. Pero así también la tierra los castigaba y el peso del mundo caía sobre ellos.

Dicen que nunca se dan por vencidos. Que en algún apartamento de ese edificio de la calle Mayor en Madrid, aun se encuentran a invocar su amor, pues sienten que es lo único que les revela quienes son. Aunque se han olvidado del cielo, saben que no creen en la tierra.

Pero padecerán la tierra hasta que su amor la venza y mientras tanto, deberán deambular por ella.

Los ángeles caídos viven el camino del eterno retorno, inquietos en la tierra, buscando y sintiendo un amor más grande que ellos mismos.

Son los herederos del cielo, siempre que logren que ese amor los rescate de la tierra.

En la calle Mayor esta esa misteriosa estatua sin nombre. Fija sobre una terraza, que pasa casi desapercibida a los ojos de los hombres. Discreta, como la historia que representa.